Lost, el principio del fin
La aventura llega a su fin. Aunque quizá sería más adecuado: ‘el principio del fin’.
Y es que el tan esperado último capítulo de Lost no ha hecho sino romper un translúcido cristal que nos alejaba de las tantas incógnitas que poblaban la isla, pero lo ha hecho añicos. Tan diminutos y extraños que solo podemos hacer vagas conjeturas acerca de su naturaleza. Todo un clásico en diversas series de culto.
Lo he visto, cómo no, en directo. Esta madrugada. Fui a casa de un amigo a las doce de la noche con la mochila a cuestas cargada de bocadillos, café, libros, todo hecho una amalgama, metido con prisa. Estaba emocionado, bastante nervioso. Para todo aquel que nunca haya experimentado algo así parecerá una estupidez como un templo, pero si llevas viendo una serie seis temporadas, esperando cada semana a que alguien desvele la increíble cantidad de dudas que te asaltan después de cada capítulo, y un 24 de Mayo alguien te promete aclararlo todo, ofrecerte acceso a ese conocimiento vetado a millones de telespectadores durante 6 años, es normal que estés, cuanto menos, emocionado.
Y yo parecía una adolescente de 15 años en un concierto de David Bisbal. Lo admito. Desde la primera temporada he estado enganchado, capítulo a capítulo. Y, al final del camino, allí estaba yo. La cena preparada. Lentillas encima para llevar la graduación al máximo y no perder detalle de los subtítulos, contando los minutos que faltaban para que llegase el momento más esperado que la televisión ha vivido en mucho tiempo. El último capítulo de Perdidos. Joder.
Finalmente, el visionado estuvo dividido en dos capítulos o partes de unos 50 minutos cada una, con un único anuncio entre ambas (detallazo que se agradece). Sin embargo, el trabajo de Quatro estuvo a punto de decepcionar a media España durante unos minutos. Los subtítulos eran un desastre. En primer lugar se adelantaron, más tarde se retrasaron, luego aparecieron donde no debían, y vuelta a empezar. Una locura. Menos mal que al final todo se arregló a tiempo y volvieron a estar perfectamente sincronizados. Algo que debemos perdonar a Quatro por el esfuerzo (y el desembolso, supongo) que ha hecho para poder ofrecernos un momento así en directo.
En cuanto al capítulo en sí, el esperadísimo final, no voy a hacer spoiler de ningún tipo ni comentaré nada sobre el hilo argumental. ¿Qué tipo de persona crees que soy, lector? Algo así no debe estropearse, jamás podría perdonármelo. Solo resumiré el estado en el que se encuentra probablemente el 80% de los fans tras haber presenciado el desenlace final: impotencia.
Como ya he escrito arriba, el último capítulo de Perdidos no es el santo grial que muchos estaban esperando, ni por asomo. Si buscas respuesta a las características de la isla, a la iniciativa dharma y sus verdaderas intenciones, a los miles de cabos sueltos que ha dejado esta última temporada, vas a llevarte una sorpresa. Este no es el caramelo que estabas esperando. Y si, después de haber revisado el final una y otra vez sigues esperándolo, significará que no has llegado a comprender el secreto de la historia, la verdadera moraleja.
Pero las numerosas incógnitas tendrán respuesta, tarde o temprano han de tenerla. La partida ha acabado, pero solo en la superficie. El nihilismo en el que nos encontramos, el poso desdibujado que ha dejado la historia forma parte de la jugada. Las cartas están sobre la mesa, los jugadores en sus posiciones y sus fichas bien delimitadas. Todo está perfectamente preparado para que, desde esta misma mañana a las ocho en punto, ese gran coloso que es Internet se encargue de distribuir y llevar los secretos de Lost a todos los rincones del planeta, de salvaguardar su magia. Interpretaciones que van y vienen, puntos de vista que habían quedado apartados, rumores, inverosímiles teorías sobre la intención de los guionistas…el debate está servido señores. Somos nosotros, los fans, quienes debemos proteger el legado de Lost, y todo aquel que haya visto el capítulo lo entenderá a la perfección.
No se podía esperar menos de una de las mejores series de la historia.









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