Navidades, fiestas, examenes



No tener internet está matando el blog. Si no actualizo es porque no tengo conexión en casa durante las fiestas, y tengo que estudiar ya a muerte para los examenes arrrggghhhhhhh!! Pongo esta entrada para anunciar que a pesar de la sequía que ha habido durante estos días....tengo preparados algunos post para antes de que acaben las fiestas.

Algunas noticias y cosillas del blog:

-Pronto colgaré una entrevista que he conseguido con Javier Botet, actor español que actúo en la película española REC, y que ahora viaja a Hollywood para participar en el remake americano de la misma.

-Me he inscrito en el concurso de Pizcos, un concurso de blogs navideño. Si quereis informaros sobre el evento, he colgado un banner a la derecha de la web =)

-Espero tener para mañana el capítulo 22 de Joys of a lost man preparado. A lo tonto, llevamos ya 22 capítulos :D

-Me he registrado en www.yoescribo.com Cada vez que escriba alguna tontería, la colgaré en mi ficha de autor, para que se puedan descargar en formato pdf, registradas, maquetadas, muy chulas y tal.

Y algunas cosas más. Espero que esteis pasando todos unas buenas fiestas, con la familia, los amigos, etc. En cuanto pueda conectarme, colgaré lo que tengo preparado. Feliz Navidad a todos!!

Capítulo 21

Abrí los ojos. Mantuve la mirada en el vacío. Los cerré. Detuve la mirada bajo mis párpados, en el mismo vacío de nuevo. Los volví a abrir. Uff…Las imágenes se agolparon en mi cabeza. Buenos días, me dije con una mueca. Intenté recordar algo de aquella noche. Giré la cabeza, esperando encontrar respuestas. Ella no estaba allí. Solo quedaba su olor. Y en el escondite de las sábanas, una nota:

“ Dave, lo de anoche fue genial. Me hubiese quedado, pero no sabía cómo te lo tomarías, ya sabes. Te he vendado la herida en la cabeza. Gracias por quitarme a aquél imbécil de encima, de verdad, gracias. Eres todo un caballero, en todos los sentidos. Adiós. “

Me llevé la mano a la cabeza. Ni siquiera quise pensar en ello. Se había largado. Mi vida era como una espiral de mujeres. Todas pasaban por mi cama, pero ninguna se quedaba. Y siempre me llevaba algún golpe. ¿Me importaba aquello? En ese momento no, pero cuando una lejana imagen me vino a la cabeza, y se estampó en mis pupilas, me di cuenta de que nunca podría tener a la única que quería a mi lado. Volvimos a vernos, acabamos en la misma cama, y después, me dijo que no podía formar parte de mi vida. Se fue. Como una mañana de navidad. Pero eso no podía afectarme ahora. Mi regalo de navidad era una nueva aventura, no lo había olvidado. Aquella frase me vino a la cabeza, el mejor texto escrito nunca… volví a encontrarme con su mirada. Ella nunca me abandonaría, sin importar lo que ocurriese. Me la comí con los ojos. Me esperaba, expectante, como siempre. Ni siquiera me vestí. Me levanté, sin perderla de vista, y me acerqué. La cogí entre mis brazos, y lloré sobre ella, al tiempo que golpeaba con pasión cada una de sus terminaciones nerviosas. Chak, chak, chak. La máquina volvía a latir. Había salido del coma. Chak, chak. El ruido de las teclas resonaba en toda la habitación. Intenso. Constante. Vivo. Chak. Me dejé llevar. Desconecté mi mente. La cuerda sobre la que se sostenían las horas cayó al vacío, se balanceó. Creo que pasaron varias seguidas. Chak. Ultimos retoques, varias expresiones, y…pum. No fue un punto final. Tampoco un punto y seguido. Ni un estancamiento. Ni siquiera suspensivos…

Alguien había tocado a la puerta. Joder. Me levanté, y fui hasta el rellano en calzoncillos. A estas horas… no puede ser ni la casera, ni editores, ni…, no, no debe ser nadie, volví sobre mis pasos, divertido. Recorrí el comedor con la mirada. Por una vez, estaba limpio, ordenado, impecable. No conseguí recordar a qué hora lo había ordenado, pero se agradecía. Pum, pum. Volvieron a llamar a la puerta. Vale, ya voy, ya voy, grité mientras iba a abrir. De repente me saludó la imagen de una preciosidad. Ojos claros y melena castaña. Chaqueta seria. Camisa abierta hasta el segundo botón. Guau.

- Buenos días. ¿Es usted Dave di Alessandro? – tenía una voz sugerente, pero había algo que no me terminaba de gustar. ¿¿Usted??

- Pues…bueno…depende, le dije divertido. Sonrió, al tiempo que me ofrecía la mano. Pasaron unos instantes.

- Oh…no, yo no soy de dar la mano, perdone. - ¿Perdone? ¿A qué jode? – Soy más de abrazos, ya sabe – le dije, mientras hacía un gesto. Le di mi abrazo en calzoncillos. Se echó a reír.

- Vale, entonces si es usted di Alessandro – levantó la vista, altiva, seria – Soy Victoria, redactora de EL MUNDO. Quiero hacerle una entrevista.

- ¿En serio? – alcé las cejas – Pero si no he escrito nada en mi vida –me reí - ¿Dónde está el truco, Victoria?

- No hay truco, Dave. – Contraatacó – Resulta que llegó al periódico un viejo relato suyo, Las moscas. De hace ya varios años. Nos entró la curiosidad, y empezamos a investigar un poco. Según su vida y sus obras, es usted…un personaje interesante. Además, el relato formaba parte de una recopilación que nunca llego a ser publicada.

- ¿Y supongo… que quiere que se la enseñe? – Hice una mueca. No tenía ni pies ni cabeza. Aquél relato era muy viejo, y en mi opinión, bastante flojo. Fue una de las primeras tonterías que empecé a escribir. Pero están interesados en la recopilación, es un periódico, me dijo aquella voz familiar. – De acuerdo. Pase, señorita, y ya negociaremos, le dije con una sonrisa indiferente.

Un caos. Esa es la denominación que le daría cualquier ser humano normal a mi casa. Y a mi vida. Pero aquél día, algo inquietante había ocurrido allí, así que la preciosa arpía se encontró ante un salón elegante, con un toque bohemio, quizá sobrio en algunos aspectos. Sencillo, pero con personalidad. Antes de sentarse, recorrió con la mirada toda la sala, como esperando encontrar algo. Quizá esperaba un cuadro de algún pintor famoso. Ese cuadro de la Mona Lisa que todas las abuelas tienen en el salón, o algo de Picasso, para marear la vista. Pero no había nada convencional allí. Yo no compraba cosas caras. Más bien, me comportaba como un cuervo. Lo que había allí eran pequeños trocitos de cristal que encontraba por el camino. Un recuerdo, una frase, una fotografía… Se quedó mirando fijamente una de aquellas fotos. Me acerqué.

- ¿Y esta foto? – la cogió y me la enseñó.

- Ahh…ese es mi mejor amigo, Irvine. – yo también observé la foto. El viento que entraba por la ventana me trajo un sonido lejano. No, no me lo trajo. Simplemente, estaba ahí, cosido a la foto, cada vez que mirase. Aquél sonido me había dado muchas alegrías. Había sonado de banda sonora de mi vida, como un suave pero importante acompañamiento de la canción. Hasta que llegó el silencio. El problema es que la canción continúa sin acompañamiento, pensé.

-Es un perro, me dijo bromeando. Seguí sin hacerle caso unos segundos. - ¿ Enmarca la foto de un perro?

- Sí, es un perro. ¿Y? Era mi mejor amigo. Pero no estamos aquí para hablar de eso, ¿verdad? – abrí la ventanita del armario, y abrí una botella de vino.

- ¿Vino? ¿A estas horas? – se sentó, sacó un bloc de notas de la chaqueta, y comenzó a juguetear con el bolígrafo. Aquello tenía buena pinta.

- Lleva ya varias preguntas estúpidas seguidas. Espero que la entrevista sea más interesante, me reí. Ella también. Observé cómo escribía una nota en la primera hoja del bloc:

“Dave di Alessandro. La senda de un hombre perdido entre sus relatos”


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Ruta Cañil : Birra Moretti



A muchos les parecerá una gilipollez, pero a mí, y a mi gran amigo Javiolo, nos encanta la cerveza. No hablo de beber cerveza para emborracharse, no señor. Hablo de, como bien dice javiolo, saborear la cerveza, disfrutarla, pillar la esencia, jajaja.

Por eso, y porque siempre me han fascinado las botellas, y sus dibujos, y sus fechas, y sus historias… vamos a hacer, como prometí en el post sobre cervecería general, una recopilación maestra, una verdadera ruta cañil por todas las botellas de importación que encontremos a nuestro paso, dando nuestras opiniones e impresiones como buenos cerveceros en prácticas que somos.

La de hoy es una cerveza especial para mí, porque le tenía mucho cariño, y hacía tiempo que no recordaba su sabor. Joder, desde que estuve en Italia!

Nombre: Birra Moretti
Tipo: Cerveza ligera
Sabor: malta suave
Contenido en alcohol: 4,6%
Origen: Italia (Undine)
Fundador: Luigi Moretti
Producción: desde 1859

Valoración: Notable


Opinión personal: La última vez que la probé, fue durante mi viaje a Italia con el instituto. Unos amigos y yo nos perdimos en Florencia. Era el último día de viaje, mi madre me había dado 200€ para todo el viaje, y me quedaban 200€, o sea todo, así que…me dije, hoy voy a comer como un marqués, para una vez que vengo a Italia. Nos fuimos al mejor restaurante de toda Florencia, y nos comimos un solomillo a la pimieta de 700gr que estaba de cojones. Nunca en mi vida me había quedado tan a gusto después de comer ja ja ja. Resulta que la cerveza que nos pusieron era una Birra Moretti, así que hoy me ha recordado ese momento. Una buena cerveza, para buenos momentos como el que hemos pasado esta mañana Javiolo y yo, elegante como el señor Moretti, malta suave para los buenos paladares. Se nota la elegancia italiana.

Cada día se me va más la pinza. !Nos vemos por ahí!

Estoy vivo

Día 18 de Diciembre de 2008, 11:30 de la noche. Estoy vivo.

Lo he dicho muchas veces, y lo seguiré diciendo, siempre que a alguien le sirva de algo:

Si mañana te diagnosticasen cáncer, ¿qué harías? ¿qué te importaría y qué no? ¿Te sentirías satisfecho con lo que has hecho?

Sé que suena radical, pero tiene que ser así. Cuando estamos en situaciones límite, o vislumbramos el final, es cuando actuamos honestamente, en consecuencia. ¿Habéis visto alguna vez la escena del club de la Lucha en la que Tyler apunta a un tendero con la pistola? Me encanta.

Aquí la tenéis. La escena habla por sí misma:
video


Llamadme loco, friki, inmaduro, insensato. Da igual. Yo ya comprendí lo que saldría de mi boca si me apuntasen con la pistola. Por eso hago todo lo que hago y me esfuerzo, AUNQUE NO CONSIGA NADA. Para que mi vida no sea una mierda vacía, para no ser un muerto en vida.

¿Y tú? ¿Necesitas que te apunten también con una pistola?

Un título más personal



He dicidido cambiarle el título principal al blog, por 2 razones:

1ª Aquí hablo sobre lo que me sale de los huevos, y eso equivale a muchas cosas, que no podría englobar en un solo título, por mucho que he buscado. Por eso, dejo puesto mi nombre, y así generalizo todo lo que me sale de la chota.

2ª Dulce Introducción al Caos era un título que me gustaba mucho, pero era demasiado largo para el blog: costaba ponerlo en metalinks para otras webs, buscarlo en buscadores como google o yahoo, y además tiene copyright, ya que da título al primer single del nuevo disco de Extremoduro. Además, aunque con ésta plantilla está jodido, quiero ponerle una cabecera al blog, y con un nombre tan largo ya tenemos otro problema.

Por esas dos razones, el blog (de momento) se quedará con mi nombre (igual que la URL). Dave Strife es mucho más facil de recordar y de buscar, ya que aparece el primero en google. Cuanto más personal sea esta web y más facil encontrarla, mejor.

Nos vemos por ahí

Las moscas



En aquél momento, ella ya no las escuchaba.

Estábamos sentados en la terraza de una cafetería, cerca del centro de la ciudad. Habíamos pedido dos descafeinados. Poco azúcar. Mientras la camarera entraba en el local, ella empezó a relatarme su historia. Despacio, saqué el bloc de notas que llevaba en la mochila, y empecé a anotar. Debo decir que algunos detalles se han borrado de mi memoria, pero recuerdo lo más importante. La camarera trajo los cafés. Ella dio un primer sorbo, se secó los labios con su pañuelo, y empezó a hablar.

“Conoces parte de mi presente, pero seguro que nunca hemos hablado de mí profundamente. Además, hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Más de 3 años – sonrió – Nací en un pueblecito costero del mediterráneo. Mi infancia no fue mala. Ya sabes, los típicos episodios de una niña normal, algunos desencantos con los chicos, y pocos platos rotos con mi familia. Una familia de clase media, y un colegio público. Lo mismo que todo el mundo, vamos. Hasta ese punto, mi vida fue totalmente normal. Fue al cumplir los 18 años, poco después de que nos separáramos –hizo una pausa casi imperceptible-, cuando todo empezó a cambiar. Aquél verano las escuché por primera vez. Las moscas… Podría recordar ese momento como si fuese ayer, con todo detalle”

Su rostro cambió. Se quedó inmóvil. Mantenía la mirada fija, más allá de mi o de la misma cafetería. Quizá se encuentre mucho más lejos, pensé. Puede que acabara de quitarle el polvo a sus recuerdos, y ahora buscara en el mar de pensamientos aquél momento. Comprendí su silencio, y esperé paciente. Se relajó, dio otro sorbo al café, y continuó.

“Llegaron como de la nada. Ni siquiera pude esperar que ocurriese, porque no conocía su existencia. Simplemente, un día, empecé a notar aquél zumbido en mis oídos. No era desagradable. Tampoco me llegaba a molestar. Pero estaba ahí, y no cesaba. No le di mucha importancia, pero sí me pasé horas y horas tratando de averiguar qué se escondía tras aquél sonido, intrigada, hasta que empecé a entenderlo. “

-¿A entenderlo? ¿Aprendiste a escuchar a las moscas? – le pregunté divertido. Apunté aquello en el bloc de notas: Aprende a entender a las moscas (¿?)

-Sí. Exacto. Con el tiempo, llegué a concentrarme tanto que conseguí aprender a escuchar lo que decían, como si fuesen lejanas voces en mi cabeza, a las que se les había subido el volumen, de repente. Sé que suena extraño, pero fue así, sin más. Las moscas me susurraban.

“Comencé a interesarme cada vez más y más en los zumbidos, hasta que hice un descubrimiento asombroso. ¡Yo aparecía en sus zumbidos¡ ¿Te lo puedes creer? Debes de estar pensando que estoy loca“

-No te entiendo – le dije. Se rió, y dio otro sobro al descafeinado.

“Las moscas hablaban sobre mi vida. Al principio solo podían zumbar, pero son bichos muy inteligentes, a pesar de lo que piensa la mayoría. Al dejarlas zumbar en mis oídos, aprendieron muchas cosas sobre mí. Nada más comenzar todo aquello, solo escuchaba un ruido constante, como unas risitas en mi oreja. Pronto, empecé a escuchar todo cuanto me pasaba. No podía creerlo. Sabían donde había nacido, cómo había sido criada, y hasta la universidad privada en la que me habían matriculado mis padres. Sabían que mi padre trabajaba duro día y noche para pagarme los estudios. Pero no solo eso. También empezaron a contarme detalles que yo no podría haber descubierto por mí misma, desempolvaron mis demonios. Me dijeron que mi padre siempre había querido que estudiase algo relacionado con las ciencias. Derecho, o algo así. Que se sentía mal por las noches, y que me odiaba por haber elegido Literatura. Me contaban cómo se lamentaba cada vez que alguien le preguntaba por la vida académica de su hija. Esto me hacía sentir fatal, como podrás imaginarte.”

La camarera nos trajo la cuenta. Terminé de hacer algunos apuntes : las moscas remueven los episodios negativos de su vida. Levanté la vista. Ella me dijo que me invitaba, pagó los dos cafés, y siguió hablando. Estaba cambiada. Más atractiva que antes, eso seguro. Pero había perdido esa belleza angelical que tanto me gustaba.

“No solo ocurrió con mis padres. Las moscas parecían tener una habilidad especial. Conseguían enseñarme la oscuridad de todos los corazones. Como si fuesen negras portadoras de oscuros pensamientos, ellas me enseñaban todo lo malo que me rodeaba. Me sentí indefensa y sorprendida ante la realidad del mundo, así que empecé a confiarles todos mis miedos y preocupaciones. Ellas se alimentaban de todo esto, claro. Cuanto más les contaba, más fuertes se volvían aquellos zumbidos. Entonces me hablaron de mí misma, de la oscuridad que habitaba en algunos de mis sentimientos. Me confesaron que en el fondo, no me amaba, que no estaba preparada para tener una relación con alguien, que siempre me sentiría frágil. Llegado este punto, me había convertido en la sombra de una sombra, como un joven pájaro que se olvida de sus alas. Tenía miedo de intentar volar fuera de aquella oscuridad. Día y noche, el zumbido de las moscas me acompañaba, como el sonido de una vieja radio de fondo. Escuchaba los zumbidos incluso cuando dormía. Era entonces cuando más desprotegida me encontraba, y cuando ellas más se alimentaban. Penetraban en mi mente, y, como si de negros cuervos se tratase, me arrancaban todo lo positivo que había en mí. Esto forma parte de ellas, ¿sabes? Está en su naturaleza, el ser moscas – me reí con aquél comentario- . Por supuesto, yo en ese momento no lo sabía. Aún no. Me dejé arrastrar sin quererlo por aquella oscura espiral, que poco a poco me consumió, apagando la llama de mi alegría. Dejé de comer y de dormir bien. Enfermé durante mucho tiempo. Claro que, ya estaba enferma, desde el día en que había dejado que los zumbidos me taladrasen los oídos. Desde el día en el que había dejado de creer en mí misma“

-¿Y como escapaste de todo eso? – le pregunté.

“No lo sé exactamente. Un día, casi sin quererlo, acabé pensando en ti – me dedicó una sonrisa -. Estaba dándome un baño. Fue pura casualidad, porque desde que las moscas se habían adueñado de mis acciones, ya no intentaba disfrutar de nada, ni siquiera un baño relajante. Ponían trabas a todo lo que hacía y pensaba. Limitaban mi tiempo, mi casa, y con el tiempo un oscuro velo me tapó los ojos. Lo único que podía ver era oscuridad, preocupaciones, condicionantes. Tenía miedo a intentar cualquier cosa, porque sabía que las moscas se lanzarían contra mí. La verdad, creo que dejé de ser yo misma. Eran las moscas las que decidían qué podía y qué no podía hacer, cómo debía pensar, etc. Ahora entiendo que intentaban convertirme en una de ellas, en un susurro. Un susurro no, un zumbido. Un triste y oscuro zumbido.
El caso es que aquél día acabé dándome un baño. Creo que las moscas estaban tan concentradas zumbando, que ni repararon en el sonido del agua. Las moscas son así, necesitan molestar bajo cualquier circunstancia. No escuchan nada más que a sí mismas.
Cuando estuvo preparada la bañera, empecé a desnudarme, lentamente. Mientras me quitaba la blusa, casi sin explicación alguna, me vino a la cabeza tu recuerdo. Pero no una imagen general, sino el dibujo de una noche en particular, no me preguntes la razón, porque ni yo la sabía.”

-¿Recuerdas aquella vez que nos escapamos a la playa? Yo llevé bocadillos y cerveza para comer, y tú te trajiste aquél libro que tanto te gustaba. No recuerdo el autor. Era como una recopilación fotográfica de sitios preciosos – me preguntó. Sonrió un poco nerviosa, esperando mi contestación.

-Claro que me acuerdo. Eran los 100 lugares más bonitos del mundo. Recuerdo que hablábamos de viajar a todos ellos juntos –le devolví la sonrisa. Jugueteé con el lápiz.

-Entonces, ¿recuerdas todo lo que ocurrió ese día? – se sonrojó, pero el color quedo enseguida escondido tras la taza de café. Su cautiva mirada vagaba entre mis ojos y mis labios.

-Claro, lo recuerdo - ¿cómo iba a olvidar algo así? Hice una rápida nota mental. Aquel precioso día había acabado convirtiéndose en un torbellino de amor y sexo en la playa. Pasamos todo el sábado juntos , como escondidos tras una burbuja. Estaba claro que ya no éramos los niños que habían pasado la tarde bajo el manto de las olas. Habíamos madurado. Pero aun así pude ver un fugaz brillo en sus ojos, como una lejana lucecita que tintinea en la noche, ajena al hecho de que alguien la observa. Ella lo advirtió, y enseguida se serenó. Llamó a la camarera, y pidió un botellín de agua. Había aprendido a levantar murallas rápidamente. Ya no era una niña.

“Viéndome allí desnuda frente al espejo, recordé todo lo que había experimentado aquella tarde – sus ojos se entrecerraron -. Recordé tus caricias, deslizándose por mi piel, lo tierno que estabas, la intimidad entre nosotros… - ésta vez no se sonrojó. Estaba muy concentrada, otra vez con la mirada más allá de mi o de la cafetería, quizá en un recoveco de una alejada playa del mediterráneo, como si quisiese volver a sentir cada una de las emociones de aquel día. – Por supuesto, el velo que oscurecía mi vida también emborró aquellas imágenes. Las moscas me hablaron de las telarañas de tu corazón, dijeron que aquello se había quedado allí, y que nunca más volvería a sentirlo. Escuché el zumbido, el aleteo de sus ligeras alas, sus risas… llegue incluso a sentir que era tu voz la que escupía esas palabras. Pero aquellas imágenes estaban grabadas dentro de mí con demasiada fuerza. Poco a poco, recordé cuánto me habías amado, y cómo me mirabas aquél día, lleno de deseo y ganas de hacerme el amor. Las imágenes aún no estaban nítidas, pero podía imaginarlas a través del manto que tapaba mis ojos. Fue cuestión de segundos: el zumbido se volvió cada vez más y más fuerte, hasta que me encadenó al suelo, obligándome a escuchar lo que me gritaban. Cerré los ojos con fuerza y me perdí dentro de mi cabeza. Busqué tu imagen, el recuerdo de aquella tarde, el brillo en tus ojos. En aquél momento lo supe: las moscas podían zumbar y zumbar, pero no cambiarían ni borrarían nuestro recuerdo. Una caricia, un beso, un deseo, todo eso era más fuerte y real que un oscuro susurro al oído. De repente, una pequeña luz se encendió y se apagó en lo más oscuro de mi propia oscuridad. Me recordó que aún estaba viva. Comencé a subir una delgada escalera “

- ¿Qué paso después? ¿Desaparecieron las moscas? – le pregunté. Aquello me había sorprendido. Mi mente había estado navegando por la superficie de la conversación, y ahora estaba sumergido. Vaya, es una buena conversadora, pensé.

-No, ellas siguieron allí, cerca de mis oídos. Siempre lo han estado, y siempre lo estarán. Está en su naturaleza, por eso no las culpo, siento lástima. El mundo solo les depara esa función: no despegarse nunca, chupar la alegría de las personas hasta convertirlas en sus semejantes, como oscuros pasajeros que limitan la vida – su rostro se relajó, como si hubiese comprendido algo - La clave está en no escucharlas, en aferrarse a lo real, a nosotros mismos, nuestras emociones y deseos – dijo asintiendo, casi para sí misma - Yo ya casi no oigo el zumbido. Solo es el eco de una vieja radio estropeada. – se rió con fuerza mientras volvía a beber agua. Me miraba divertida.

-Oscuros pasajeros – repetí divertido, mientras cerraba el bloc. Quizá también estaban cerca de mí, entre las ramas de un árbol, cerca de mi próxima meta o detrás de una preocupación estúpida. Intenté imaginármelas, pero se me hizo difícil. En aquel momento de mi vida, ninguna mosca podía acercarse a mi lado. Era demasiado feliz, me encontraba demasiado bien conmigo mismo y con el mundo. Pero sin duda, cuando bajase la guardia, volverían. Siempre aparecen. De eso ya estaba seguro. Aprovecharían cualquier descuido para enredar mi alegría en su oscura telaraña. Por supuesto, esto está en su naturaleza. Al fin y al cabo, son moscas.



-Dave Strife-

PD: El relato está subido a www.yoescribo.com En cuanto esté maquetado en mi ficha de autor, pondré directamente el enlace para que sea más cómodo, porque esta entrada se ha quedado bastante larga, jajaja.


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Asesino, 2ª parte

Miro atrás. Un suave murmullo he sentido
lejos de aquí, llamándome en silencio.
Aún puedo oír su voz, su tristeza.
Ya no puedo sentirla, me estremezco.

Como una ola, me llama y se esconde,
Me persigue en la sombra, me inquieto.
La siento ¿cerca? Confusa, me mira…
¿Por qué? Pregunta la rima.

Las Musas

Dónde se esconden las musas,
Que ya no encuentro mis versos.
Y me han dejado dormido,
A orillas de un mar de sueños.

Las busqué en mil recuerdos,
Palabras, lugares, tiempos.
Dónde se esconden las musas,
El blanco de una hoja me dijo en silencio.


PD: Es una tontería, pero me gusta este poema. Fue con el que gané un pequeño premio de poesía del dia del libro.

Capítulo 20

"Este es el mejor texto escrito nunca y pronto lo descubrirás.

¿Por qué, dirás?

Pues porque habla de empezar, de escapar una y otra vez, de lo maravilloso de ilusionarse, de cuándo la vida es un regalo que estás a punto de abrir. En este escrito, lleno de fuerza, condenso todo lo que está por llegar, bueno o malo, con esperanza, la esperanza del inocente que suena ñoño en cada palabra. Te darás cuenta, al leerlo, de que la heridas cicatrizan, de que todo en la vida se supera y de que la partida continúa pase lo que pase.

Aquí es dónde hablo de ti y de mí, apareciendo por primera vez, con las tinieblas atrás, y el mundo por delante. Sólo es un sueño si lo pienso fríamente, sólo es real si te toco. Tengo claro que no será para siempre, aunque su recuerdo sí, y es eso lo que me mantiene expectante. Ahora es cuando llega lo que esperé, cuando todos mis errores eran ciertos y me convierto en un gigante. No sé que deparará esta historia, pero celebro tenerla, y declaro disfrutarla sea cual sea su desenlace.

Por eso es tan maravilloso este escrito, porque lleva cosido el optimismo de quien resurge cuál fénix, porque alimenta a los sedientos, espolea a los jinetes y revive a los muertos..."
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18 añazos!!!

Como siempre, el último de la fila.

Hoy, día 10 de Diciembre, cumplo 18 años. Quién me lo iba a decir a mí.

El caso es que antes me hacía mucha ilusión tener la edad, pero últimamente me he dado cuenta de que mi vida es casi como si ya los tuviera, no va a cambiar nada, quizá solo porque ahora me puedo sacar el carnet de conducir, ya ves tú… también me pueden meter en la cárcel, lo típico vamos.

Bueno, pues eso. El jueves día 11 lo celebro con un compañero que también cumple años, y nada, espero pasármelo genial, como siempre. Supongo que ahora soy totalmente adulto, solo formalmente.

Creo que conforme creces, es cierto que tienes nuevas cosas en tu vida, pero también tienes más responsabilidades y normas, y eso lo odio. Se supone que ser maduro es pensar sensatamente, con sentido común. Y tener sentido común es literalmente pensar como el resto. Y yo no pienso como el resto, lo odio, así que…definitivamente, soy un inmaduro, ja ja ja.

Me encantaría quedarme el resto de mi vida con 17, pero bueno, la partida continúa, siempre continúa. Espero que este año vaya mejor que el anterior, y realmente pinta mucho mejor que el 2008 en algunos aspectos. Cuando llegue a los 19 haré recuento de cuánto he conseguido.

¡Un abrazo a todos!

El espectáculo de coger el autobús público



¿Nunca os habéis parado a pensar en lo tontos que son los transportes en bus?

Para muchos es una tontería, pero para algunas personas, se convierte en una aventura que no tiene desperdicio, un claro ejemplo de lo estúpidos que podemos llegar a ser a veces. Culpa de la sociedad de hoy en día.

Lo primero, ley innata en el ser humano (o al menos en el español), es la inseguridad, la falta de información, o no sé: estamos ahí plantados, en la parada, esperando. Nos acercamos al tablón, para confirmar por enésima vez que la línea que debemos coger es la 44. Vale, muy bien, pero aun así, como si el número 44 estuviese mal pintado, nos volvemos a la anciana de turno, y le preguntamos “oiga señora, ¿la que va para la Gran vía es la línea 44 no?” ( pues claro joder, si lo acabas de mirar). En este momento, la señora puede hacer dos cosas: opción 1, te suelta un “no lo sé” borde, en plan “ahora te jodes, por ser joven”. Opción 2, te lo confirma por milésima vez, educada, y te cuenta su vida mientras.

Vale, ya tenemos la línea. Esperamos a que llegue el bus de la empresa Latbus. Me gustaría dejar desde aquí una queja generalizada, porque no me gusta el servicio que dan. No voy a enrollarme, pero en resumen, los conductores de bus tienen mucho morro, el precio no para de subir, cada dos por tres huelga, y no saben regular el aire acondicionado, ja ja ja. Pagamos el euro que cuesta el viaje, y nos sentamos. Ahora es cuando llega la parte graciosa.

Resulta que en un autobús, si de por sí la gente se aburre, durante el trayecto se aburre mucho más. Claro, no hay nada que hacer, solo un periódico de 20minutos que hay que rifárselo a golpes, o el mp3, si tienes. Pues bien, tú te sientas tranquilamente, y de repente, es como si te envolviese esa atmósfera característica de los autobuses públicos. En cuestión de unos minutos, todo el mundo (o la mayoría de la gente) se emparanoia, se incomoda, o se ponen una máscara. La gracia está en que la mayor parte es psicológica, por no decir todo. Admito que a mí no me gusta nada ir en bus.

La sociedad cada vez nos convierte más en personas antisociales, encerradas en nuestro mundo, lo único que quiere el gobierno es un ejército de robots grises, que cumplan con sus trabajos. Claro, con ésta idea metida en el cerebro, la gente se siente super incómoda en el bus. De repente, empiezan a echarme miradas inquisitivas, la típica anciana me mira de arriba abajo ( si era la mísma a la que había preguntado en la parada, me mira igualmente), etc. Como si ver a otro ser humano fuese lo más raro del mundo dentro de un autobús. Llegados a este punto, podemos encontrarnos con todo tipo de personajes, entre los que me incluyo.

Podemos encontrarnos a las ancianas, como ya he dicho. Me miran, me remiran, se quejan, me miran, cogen el bolso, se quejan, me cuentan que vienen de lo de la Juani, de comprar, se quejan con la mirada... El típico grupo de jóvenes universitarios (suelen ser 2) que se pone a hablar de la cantidad de exámenes que tiene, de lo cabrón que es tal profesor, del trabajo que hay que entregar mañana, que vamos, me entero de la facultad a la que van, de las asignaturas, hasta del aula donde dan clase, a veces hasta pregunto si me viene bien el tema. Yo me incluyo ahí a veces. Luego están los que yo llamo “íntimos desconocidos”. Si, la típica chica que te cruzas en el bus. Esa que mira hacia tu zona del bus, pero que tú sabes perfectamente que te está mirando directamente a ti (si eres chica, pues será un chico el que te mire). Durante un momento, se cruzan las miradas, y la pillo mirándome. Enseguida desvía la mirada, casi siempre con la cabeza bien alta, como diciendo “te iba a estar yo mirando…a ti, ya quisieras tú”. Como me aburro mientras espero, al rato, miro a ver si la pillo otra vez y…premio, está otra vez mirando. Cuando me ha pasado ya 3 veces, me río por dentro. De repente, llega su parada, y ella, con su cabeza bien alta, tiene que pasar por donde me encuentro. Pienso “¿tendrá valor para mirarme, o se hará la tonta?”. Por supuesto, ella se hace la tonta…pero cuando veo que se ha ido, y pasa por fuera…la pillo mirándome desde fuera por el cristal. Ahí ya me descojono. Bueno, y así podría pasarme un buen rato contando cosas raras de un bus. Como dice mi cuñada, en el autobús siempre hay alguna historia.

En el autobús es donde me doy cuenta de todo el daño que nos hace la sociedad de hoy en día. La gente se siente desconocida, a la defensiva, tensa. Te analizan, te miran raro si empiezas una conversación agradable, están pendientes de cualquier cosa que se salga de lo normal, algunos están deseosos de que hables con ellos, de conocer gente, pero no se atreven, porque la sociedad nos convierte cada vez más en robots grises, en basura, en antisociales. Por eso, cada vez que entro al bus y decido conocer a alguien nuevo, para romper el hielo y no pasarme el viaje sentado al lado de un desconocido, tenso, me miran como si hubiese sacado una pistola.

Por supuesto, también hay gente o nosotros mismos, que a veces pasamos de todo, y no nos enteramos de nada. Casi que es lo mejor =)


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Mi opinión de : Crepúsculo



Hace cosa de medio año, me leí la trilogía de Stephenie Meyer, Crepúsculo, Luna Nueva, y Eclipse (ahora hay un 4º libro, Amanecer). Debo decir que el libro me gustó mucho. Lo leí, disfruté, y después se lo devolví a la amiga que me lo había dejado, sin darle más importancia. Pues bien, resulta que hace unos días me enteré de que la película estaba a punto de estrenarse en España. Por supuesto, fui a verla, como la mitad de los españoles, caí en la trampa. La vi con mi novia, y aquí os pongo lo que opino de la película. Como siempre digo, no soy crítico de cine, solo intento dar mi opinión personal, como lector del libro.

Se podría catalogar de flojilla.

Cosas que no me gustaron:

- La adaptación del libro. De por sí la novela es una mezcla de hormonas con chicos y chicas guapos. Te pasas todo el libro en plan te quiero, te odio, te llamo, paso de ti, soy peligroso para ti, huyo, vuelvo a ti, te hago sufrir, te quiero. Vamos, es una especie de Romeo y Julieta, pero cambiando las nobles familias por Vampiros y Humanos. Una historia de amor, escrita totalmente para el público femenino adolescente, pero con una historia un poco oscura, lo que le da tintes de suspense. Claro, el libro conseguía perfectamente el efecto. Te hacía preguntarte cosas, desconfiar, darle vueltas a la cabeza, etc. Conseguía crear tensión. La película NO. La película parece estar dirigida por la capitana de animadoras del típico instituto americano. Cuando aparece Edwar (uno de los protagonistas, de quien se enamora Bella), aparece una melodía cañera, con guitarra eléctrica (muy chula por cierto), en plan, “aquí estoy nena, rompiendo la pana”. Llega con su familia, todos guapísimos, todos flipando, y las chicas con la baba en el suelo. El caso es que en el libro la escena no es así, ni la escena ni el resto. Lo primero que siente Bella (además de la belleza de Edgar) es tensión, suspense, miedo. Se trata de 5 personas pálidas, antisociales, y frías, con un aura de suspense alrededor, no de un grupo pop de Hollywood. Pues bien, esto es así casi durante todo la película, nada de suspense, ninguno. Claro, si le quitas el suspense, ¿Qué nos queda? Una linda película de amor, hormona + hormona + hormona + belleza + hormona, cosa que respeto, pero no sé, el libro tenía algo más.

- Los personajes. En primer lugar, no me gusta el reparto. Parecerá una tontería, pero según te pintan al protagonista, yo me lo imaginaba como el mayor guaperas del mundo, una belleza inigualable, porque para eso es un ser único en el mundo. Pues mira, no soy una belleza, no soy guapo, pero sé distinguir a un tío guapo, y podrían haber cogido a uno mejor, al menos por fidelidad a la descripción del personaje. Bella me gusta, tiene un toque un poco marimacho, como que hace muecas o gestos muy bruscos, es patosa, etc. pero ahí si lo han clavado, porque la protagonista es así, incluso yo me la imaginaba aún peor. El doblaje, en mi opinión, es malísimo. Las voces no le pegan a algunas partes, y a veces les falta expresividad. Tenía la esperanza de que la voz de Edgar fuera súper profunda y grave, pero angelical al mismo tiempo, pero para nada, no me gusta. Y la mitad de la película recae sobre ese protagonista…

-El ritmo de la película. Parece que todo está contado con prisa, como si les faltase tiempo, meten las escenas a golpes. Muchos pasajes del libro se cuentan por transiciones, para dar la impresión de paso del tiempo (no soy crítico, así que no se como se llama ese efecto en cine), pero se pasan. La nana de bella, que supuestamente Edwar toca con el piano, no suena, aunque sí figura en el tracklist de la película.

Cosas que sí me gustaron:

-La música. La mitad de la BSO parece estar hecha con una guitarra electrica sólo. Me gustaron algunas melodías, y me encantó que la canción del final la cantara el propio actor protagonista, un mérito de cojones.

-El papel de Charlie. Fue el mejor personaje. Te partes el culo con sus frases, las cuales no recordaba tan buenas en el libro. Está genial.

En definitiva, no soy crítico, repito, pero como lector de la trilogía entera, esperaba algo más, tenía mas esperanzas puestas en la película, para todo el bombo que le habían dado anteriormente, se ha quedado floja. A los fans incondicionales les encantará, lo respeto al 100%. Yo me quedaré con los libros, y la imagen que ya tenía de la historia en mi cabeza.


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Capítulo 19

¿Bailamos?

Estaba todo preparado. Los artistas sobre el escenario. La luz puesta a tono. Mi visión, nublada. El alcohol, compañero fiel de salón. El murmullo de un piano.
Y un violín, de fondo.

Dame fuerzas en este vals, amigo mío…

- Eh, tipo duro. ¿Qué modales son esos? Deja en paz a la señorita – el protagonista, siempre impulsivo. Me acerco. No puedo evitar ayudar a una dama en apuros. Comienza el baile. Un, dos tres. Primer movimiento. El tipo se gira, con una mueca estúpida en la cara. Un grave en el piano. El villano. Me quedo mirándolo unos segundos. Algo me resulta familiar en él, pero no recuerdo qué. Quizá la cara de gilipollas. Están por todas partes…

- ¿Qué? – grita con los ojos medio cerrados - ¿Qué acabas de decir? – se acerca desde el otro lado de la acera. Un, dos tres. Segundo movimiento. La chica se queda hecha un ovillo, apoyada en la pared, paralizada. Me fijo en ella un momento. No puedo distinguirla bien, pero al lado de aquel tipo, parece un ángel. Al mirarla, las notas del violín suben ésta vez, agudas. El ritmo sigue tranquilo.

- He dicho que dejes en paz a la dama. ¿O además de impotente sexual eres sordo? – habla el whisky, compañero de salón. Si…es un tipo duro , bastante problemático. Sonrío mientras su mirada me fulmina. - ¿Estás bien? – le grito a la chica. No responde. Giro la cara. La sonrisa se me borra en pocos segundos, al tiempo que las notas cogen velocidad : el tipo está armado. Saca una navaja del bolsillo de la chaqueta.

- ¿Quieres que te raje entero, estúpido? Te vas a enterar… - se acerca rápidamente. Un, dos tres. Tercer movimiento. El ritmo es frenético. Un corte rápido. A la cara. Creo que a veces tengo demasiada suerte. Un segundo más y no hubiera podido esquivar el tajo. Pasa rozándome la nariz. ¿Me roza? Es una sensación extraña.

- ¿Tú también has bebido…o tengo reflejos? – Mis palabras saben amargas… Momento de pasar a la acción. Me lanzo contra él. Sin pensar. Le empujo con todas mis fuerzas, al tiempo que noto algo en la cabeza. La música sigue sonando de fondo. Justo en el estómago. Caemos al suelo, cerca de un coche aparcado. Por un momento puedo ver su cara mejor. El rostro del villano… Otra vez esa sensación. ¿Quién es? Espera…¿qué? Es él. Sin duda. Es el tipo que quemó mi borrador. La canción alcanza su momento más intenso. Mis palabras…

- ¿Asuntos pendientes eh? – Le pego con ganas. Un, dos tres. Cuarto movimiento. – Te cargaste mi borrador. La comida en la nevera del mes. Ahora verás… - vuelvo a darle unas cuantas veces, hasta que para de forcejear, aturdido. ¿Aturdido o a la espera? Vuelvo a sentir algo en la cara, intenso. La cabeza me da vueltas. Algo corre por mi labio. No…me he dejado el alcohol arriba, me digo. Joder, ha durado poco, pienso. Le doy el último golpe.

La música se apaga lentamente. Termina el vals. Curioso baile, compañero…

Me quedé observándolo un momento. El tipo me había dejado sin dinero. Como a un perro callejero. Lo cogí fuerte de la chaqueta. Mis dedos se mancharon con su sangre. ¿La suya? Pegarle de nuevo no serviría de nada, no iba a devolverme el borrador. Me fijé en sus bolsillos. ¿Y si…? Premio. Llevaba las llaves del coche encima. Las cogí, y me acerqué a donde estaba la chica. Seguía muerta de miedo, con los ojos mirando al vacío. Aun así, era una preciosidad.

- No te preocupes por él, creo que va a estar así un buen rato. – le sonreí mientras le ofrecía mi mano para levantarla. Se asustó al verla, y alzó la vista. No me jodas..., dije en voz alta, divertido. Se parecía mucho. Llevaba días sin pensar en eso, viviendo mi vida. Había tenido un accidente por su culpa. Me había acostado con Pauline. Y ahora, ¿ aparecía su boceto, de la nada? Como un billete arrugado que encuentras en el bolsillo del pantalón. Otra vez. La levanté con cuidado, examinándola. Temblaba, mientras seguía mirándome asustada. No me miraba a los ojos.

-¿Quién eres? – le pregunté serio. Esperé unos segundos. Nada. Seguía ausente, como sin comprender. – Oye…necesito saber quién eres. Tengo un problemilla contigo. – Continuó mirándome, en silencio. Aquellos ojos me ponían nervioso, y algo me dijo que no le iba a sacar ni una palabra, así que giré la cara– Ven, vamos a alejarnos de aquí un rato. Me vas a decir cual es mi coche nuevo – le guiñé un ojo, enseñándole las llaves. En su rostro se dibujó una media sonrisa que se apagó rápido. Bien.

Creo que se apoyó en mi hombro, y bajamos la calle buscando el coche. Lo reconoció enseguida. Estaba aparcado en la puerta del Mercadona. No encajaba en esa calle. Y con razón…

-¿Un descapotable? Joder –miré al cielo, y le levanté el pulgar. Me costó hacer el movimiento – gracias, si estás por ahí arriba, ja ja ja. – Nos montamos y encendí. Menudo coche. Rugía como si fuese nuevo. Mientras lo arrancaba, la miré de nuevo. Su mirada iba una y otra vez del volante a mis manos. No sé, quizá sean tonterías mías, pensé sin darle importancia. Sí…debe de ser eso. ¿Cómo iba a ser ella? Sería surrealista… pero es preciosa, sacudí la cabeza riéndome de mí mismo. Salí de la calle, y comencé a bajar la avenida principal con una sonrisa dibujada en la cara. A mucha velocidad.

Eran las tres de la madrugada, tenía un coche nuevo, y un bombón en él. ¿Qué podía salir mal ésta vez? Me reí. La miré, sus cabellos, su figura. Y esta vez me miraba atenta. Sus ojos pedían algo a gritos, me estaba comiendo con la mirada. Le pasé un brazo por encima.

-Estás sangrando…- me dijo.

-¿Y? – estaba a punto de marearme.

Segundo baile de la noche.


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Capítulo 18

Como si de una solitaria hoguera se tratara, la luz de la habitación tintineaba, iluminando la oscura habitación. Solo uno de los dos focos funcionaba. Suficiente. La única luz que necesitaba se hallaba en lo más profundo de mi imaginación. Aun estando tan escondida, el más leve soplo de viento podía apagarla. Joder. A veces temía poder perderla para siempre, más en momentos como aquel, pero estaba decidido a escribir algo. Lo necesitaba. La habitación estaba tal y como había estado hacía un par de horas: la estela de su perfume aún se colaba entre los cajones. La ventana, introvertida para no dejar escapar ni el eco de su voz. El vaso de cristal, hasta arriba. La máquina de escribir, frente a mí, entusiasmada. A un lado, la cena, un campo de batalla entre alimentos baratos de supermercado. Y el dolor de las heridas del accidente, el único invitado.

Una palabra. Así empieza todo, o al menos eso es lo que cree la gente. A veces basta con una sonrisa, un comentario, una mirada, un sentimiento. Pero todo el mundo cree que las novelas nacen de palabras. No siempre es así. Esta empezó con una rosa. ¿Alguna vez has visto una rosa? ¿La has tocado? Intenta imaginar la mía. Una preciosa rosa. Suaves formas. Dulce aroma. De papel.

Formada por todo aquello que dibujó mi lápiz alguna vez. Un dibujo que llevaba el tiempo a cuestas. Muchas horas, muchos momentos, sus últimas palabras… Y el reloj, fiel a sus principios, ni siquiera me avisó. Simplemente continuó corriendo en mi contra. Nunca nos hemos llevado nada bien… Tic, Tac. Cada uno de los saltos de la manecilla retumbaba en mis oídos, a pesar de mis intentos de evasión. Parecían gotas de agua golpeando el suelo de la bañera. Cada segundo se reía de mí antes de suicidarse. Se precipitaba y chocaba contra el vacío. Era como una triste procesión.

Puse la vieja radio unos momentos. La música no atrae a las musas. No al menos Bob Dylan, pero sí que me ayuda a relajarme. Ni siquiera me fijé en la canción, eso era lo menos importante. Rock, heavy, o gritos de una rubia adolescente americana, da igual. Unos segundos, y el sonido desaparece. Siempre me ha pasado algo parecido, pero ésta vez fue más intenso. Mi mente comenzó a latir entre las paredes de la imaginación, a dispararme imágenes al ritmo de la música. Cuando cesó el sonido, las sensaciones se quedaron grabadas, como pintura líquida sobre una pared. Cerré los ojos. No pude distinguirlo del todo, pero la idea estaba ahí. Una sensación orgásmica.

Comencé a golpear las teclas, casi sin mirar el orden de las palabras. Estaba emocionado. Extasiado. El reloj había desaparecido, ahora solo escuchaba el eco de los segundos caer. Era soportable. Las ideas se me agolpaban en la mente, a punto de estallar. Las musas habían salido del fondo de un cajón, y me sonreían felices. Yo reía sin parar. Una palabra. Una idea. Una emoción. Todo aquel amasijo de conceptos empezaba a tomar forma en el borrador que tenía ante mí. Aquello iba a ser fantástico. Volví a volar una vez más. Sentí la frescura del césped en mi cara. El olor sustituyó al perfume. Me sentía de cojones. Y justo en el momento en que rozaba con los dedos las hojas, algo me despertó.

Un grito en la noche. Desgarrado. Desesperado. Miré por la ventana de mi primer piso. La luna había girado la cara para no mirar. La persona que había gritado estaba sola. Bajo mi ventana. Era una chica. Y la razón de sus gritos, la supe enseguida: ella se retorcía en sus brazos, él la empujaba violentamente contra la pared. Le rasgó la camisa de un tirón. Otro grito. Tic, Tac.

El dedo amenazador del siguiente segundo me señaló, riéndose en mi cara, antes de saltar. A esas alturas ya iba bastante bebido. Dejé el vaso, apresurado, cogí las llaves...No soy ningún héroe, solo un escritor, pensé. Nada importaba. Tenía que ayudarla. Sin pensarlo más, bajé las escaleras, abrí la puerta y me adentré en la noche.Joder. Y la gente cree que todo lo que escribo es inventado. Inocentes…, me reí de mi suerte.



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